La magia pragmática de un Brujo inmigrante

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Uno aprende mucho leyendo y experimentando su tierra, esa en la que creciste, la que está llena de recuerdos, y que invade tu memoria. Sin embargo, ir a un mundo nuevo, nuevas experiencias, una cultura tan diferente a la tuya como lo son sus personas, eso también nutre tu práctica. Lo digo con propiedad porque siento que crecí como brujo desde que llegué a Estados Unidos.

Un Mundo Multicultural

Mientras estuve en Venezuela, mi práctica se basaba más que todo en adivinación y sanación, además de conectar con mis guías, mis maestros, y demás seres con los que trabajaba. Tenía la oportunidad de seguir una estructura ritual, llevar un control de lo que hacía y aprendía. Sin embargo, las cosas cambiaron aquí en Estados Unidos.

Sin tener una vida estable, descubrir un mundo lleno tanto de retos como de aprendizajes, por no mencionar un idioma que me vi obligado a perfeccionar para sobrevivir, hicieron que los rituales, los hechizos, incluso los conjuros se tomaran un receso. Es difícil, casi imposible, enfocarse en algo cuando tienes mil cosas por hacer.

A traveler with a suitcase heading down a road at twilight. [Pixabay, TheDigitalWay]

Así como adapté mi ritmo de vida, y lo sigo haciendo cada tantos meses, mi práctica mágica ha ido cambiando, mi enfoque también, y las técnicas que uso han evolucionado (además de que tengo algunas nuevas). Para mí, es importante honrar la tierra en la que estoy, y por ello no puedo quedarme solo con lo que aprendí en Venezuela y sobre ella.

Vengo de un mundo multicultural, las tradiciones sirias combinadas con el folklor venezolano, ritmos, aromas, comidas, y bailes árabes junto con los latinos. En mi casa se escuchaba la música de Ricardo Arjona, Chayanne, Marco Antonio Solís, pero también a Fares Karam, Nancy Ajram, Fairuz, Hakim, y ahora en la sala también suenan Imagine Dragons, One Republic, Justin Bieber, incluso nombres ingleses como Ed Sheeran, Adele, y Coldplay.

No quise ser de esos inmigrantes que miran hacia atrás sin querer, y por ende sin poder, adaptarse al nuevo entorno. He conocido gente que me ha ayudado a asimilar mejor todos estos cambios, aunque algunos he tenido que llevarlos por mi cuenta. Aunque ha sido un proceso difícil, lleno de retos, y muchas lágrimas de por medio, he crecido como persona, como escritor, y como brujo.

Prácticas de un Brujo Inmigrante

Mi práctica ha cambiado conforme necesito que se adapte. Hay estructuras que sencillamente ya no puedo usar, elementos que no puedo incluir, y protocolos que tengo que alterar. Desde hace tiempo, me vi en la obligación de cambiar y desarrollar técnicas más sencillas, prácticas, y versátiles. Estas son algunas de ellas:

  • El billete de $2: Una de las primeras cosas que aprendí fue que si alguien te regala un billete de $2, debes mantenerlo siempre en tu billetera y no usarlo, esto para que nunca te falte el dinero. Lo he hecho, lo he recibido, lo he regalado, y aunque esté pasando por un mal momento siempre llega la suma que necesito.
  • Romper facturas: Igual que el anterior, este tiene que ver con el dinero, y está influenciado por mi pasado wiccano. Cuando pago las cuentas y me dan una factura impresa, la rompo diciendo “Que el dinero que vi ir regrese tres veces tres a mí”. Luego tiro los pedazos a la basura.
  • Prender velas: Con recursos limitados, he usado velas blancas, de segunda mano, velas de cumpleaños, y cualquier otra que encuentre. No he tenido problemas, y todas parecen funcionar sin problemas siempre y cuando… Funcionan sin problemas, punto.
  • Ofrendas de agua: Es la más sencilla de todas y, estoy seguro, la que me permitió estar seguro cuando le dispararon al bus en el que iba. Al salir a la calle, intento tener una botella de agua conmigo y ofrecer parte de ella a la tierra para los dioses, mis maestros, guías, ancestros, y demás espíritus con los que trabajo.

Lanterns lit on the shoreline [LTapsaH, Pixabay]

  • Apoyo a fundaciones y locales: Para mí no tiene sentido respetar a los espíritus si no respeto a los vivos. Además, hay tanta gente que me ha ayudado que no puedo evitar ayudar a los demás, porque sé lo que se siente, lo mucho que hace falta una mano amiga, y por eso trato de comprar en tiendas locales en vez de grandes franquicias, junto con hacer donaciones y servir como voluntario es fundaciones, grupos de apoyo, y asistir a llamados sociales cuando tengo la oportunidad.
  • Visualizar en vez de verbalizar: A veces no tengo tiempo de escribir mis deseos, de redactar un conjuro o una afirmación, así que solo me pongo mis audífonos, selecciono una canción o pista que vaya acorde con mi intención, y visualizo el resultado con tanta claridad como puedo.
  • “No tengo tiempo”: Lo he dicho antes, y lo seguiré haciendo. El tiempo no me alcanza, las horas se me hacen cada vez menos, así que cuando pasan cosas que me hacen atrasarme, simplemente digo “no tengo tiempo para esto”. Puede ser una afirmación, un decreto, conjuro, grito de guerra… pero lo importante es que las cosas se resuelven.
  • Horas y numerología: Hace tiempo noté que un amigo le sacaba capturas a la pantalla del celular cuando daban las 11:11 de la mañana y la noche, y compartía en su perfil público. Cuando le pregunté, me dijo que lo hacía para pedir deseos, los cuales siempre se cumplían. Empecé a hacer lo mismo, aunque sin seguir el protocolo que aprendí de mi familia, tantos a las 11:11 como a la medianoche, y desde hace rato veo resultados.

 


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