Columna: Honrar a mis ancestros sin visitar sus tumbas

Alan D.D. —  December 1, 2018 — Leave a comment

Pagan Perspectives


Hoy, Alan D.D., unos de nuestro columnista internacional, nos escribe desde Venezuela. Además de escribir para The Wild Hunt, Alan es periodista, blogger y novelista.

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Admiro mucho el pasado. Considero que siempre tiene algo más por decir, algo más por enseñarnos y algo más en él por descubrir. Esto, evidentemente, incluye a mis ancestros, a aquellos miembros de mi familia que ya no están aquí. Siempre los recuerdo al ver sus fotos, los buenos momentos a su lado, sus voces, o imagino cómo fue su vida si no los conocí. Difiero en muchos aspectos con mi familia, pero comparto su respeto hacia los difuntos.

No obstante, todos mis ancestros están o bien en un cementerio que está siendo invadido y saqueado, el aire allí huele a podrido y es altamente inseguro, o fueron enterrado en otro país. El cementerio en mi ciudad natal se ha vuelto altamente inseguro a raíz de la frecuente presencia de ladrones, secuestradores y demás criminales que amenazan a los vivos, mientras que las tumbas de los muertos son violadas para robar los órganos de los recién fallecidos y venderlos o robar los huesos y usarlos en diversos rituales; lo que me parece muy irrespetuoso, por cierto. Por otro lado, no cuento con los recursos para salir del país y visitar a demás ancestros fallecidos, y es probable que no pueda hacerlo por un tiempo.

[Pixabay.]

Hablarles a sus fotos: En mi hogar hay varias fotos de ancestros, no de todos, pero sí una buena parte, y en las casas de más familiares pasa lo mismo. Cuando siento la necesidad de acercarme a mis ancestros, de reconectarme con ellos, quizá para aprender algo, quizá por simple añoranza, busco una foto y les hablo directamente. Intento no seguir ningún protocolo, que sea un proceso natural, una conversación como cuando ellos estaban vivos, y aunque no siempre obtenga una respuesta, es muy, muy terapéutico.

Prenderles una vela: Prender velas es muy normal en mi familia: promesas, peticiones, incluso bendiciones para la casa o fechas religiosas. Yo las prendo cuando siento la necesidad de enviar luz a mis ancestros o cuando pido su ayuda. Con un encendedor, quemo la parte de abajo para fijar la vela a un platico, la prendo y pienso en la cara y nombre del ancestro; si necesito de su ayuda, se la pido luego de ello, y si no es así, simplemente pido al universo que le envíe la luz de la vela. Si, al contrario, recibo un mensaje sin pedirlo, enciendo la vela en agradecimiento siguiendo el mismo proceso.

Sus nombres y fechas: Cuando tengo los datos más básicos, es decir, el nombre completo, fechas de nacimiento y fallecimiento, de alguien a quien quiero honrar, usualmente los escribo en un papel, los pronuncio en voz baja o repito la información en mi mente. Me pongo cómodo, cierro los ojos, y uso sus nombres y fechas como mantra. Intento trabajar mientras el lugar esté en silencio, y me despido verbalmente si he hablado, o borrando o botando el papel si he escrito algo.

Escuchar música: No me refiero a la música que ellos escuchaban, sino de canciones que me recuerden a ellos, temas que por una u otra razón relacioné con un ancestro en particular. Sencillamente me pongo mis audífonos, subo el volumen, y canto en mi mente junto con la canción, mentalizando la cara de mis familiares. La música que escucho siempre va ligada a muchos sentimientos, recuerdos, ideas… Lo que sea que haga, lo hago mejor con música, y todo se vuelve un proceso muy emotivo. No me avergüenza decir que a veces lloro al recordarlos.

Pertenencias o recuerdos: Tengo los lentes que usaba mi abuelo paterno y un pedazo de madera del taller de mi padre. Son recuerdos físicos, son objetos que o bien les pertenecieron a mis ancestros o que llevan su energía de alguna forma. Con solo sostenerlos, verlos y recordar la energía que conservan me hace sentir que están conmigo, que hay una parte que sigue en este plano a mi lado. De repente, no me siento tan solo.

Por supuesto que hay más métodos, pero estos cinco son los que suelo aplicar más seguido, los que más me conectan a mis raíces, que me ayudan a cruzar la línea entre la vida y la muerte, recordar mi linaje, de dónde vengo, y que algún día, que espero sea muy lejano, yo también seré un ancestro para alguien. Indistintamente de los altibajos en la relación que tuviera con ellos, o incluso si no llegué a conocerlos, guardo un lugar especial en mi corazón exclusivo para los que fallecieron.


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Alan D.D.

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