Columna: Oraciones y conjuros espontáneos

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Me considero una persona bastante metódica, estructurada y ordenada. Todo lo que hago tiene que tener un orden conformado por pasos específicos, particularmente cuando se trata de mi espiritualidad, que es cuando decido ser más organizado. Parte de esto es por tener Síndrome de Asperger. Sin embargo, hay momento en donde hay que olvidar la estructura y simplemente seguir lo que dicte la intuición.

Con el paso del tiempo, he ido formando mis propias prácticas espirituales, aprendiendo tanto como puedo de esta cultura y de esta otra, tratando de mantenerme tan correcto como fiel a los orígenes como a mí mismo. Suelo decir que soy un brujo ecléctico, y por ello me refiero a que tomo un poco de todo, lo que considero correcto y necesario, manteniendo siempre el respeto a la fuente, y creando una práctica personal.

Algunas prácticas se mantienen estáticas, como mi forma de leer las cartas, medir los chakras, los métodos de limpieza espiritual, pero otras han cambiado con el tiempo, he ido agregando, modificando y eliminando pasos de ellos, como meditaciones, mi forma de conectarme con la energía divina y entenderla, en especial los conjuros y oraciones que utilizo.

¿Esperar o actuar?

(Samuel Silitonga, Pexels.)

 

Hay momentos en que no tengo mis notas, mis ideas ni nada a la mano, no hay forma de revisar qué he hecho antes que me sirva, como cuando, en un día común y corriente, estoy en el transporte público y siento que algo no está bien. ¿Qué hacer? ¿Esperar o actuar? Evidentemente la segunda opción es la correcta.

Creo en que todos los seres vivos tienen energía, incluyendo los inanimados, y que es posible darle forma y objetivo para manifestar cambios. Los humanos no somos la excepción a esto, así que si la necesidad aparece, no me parece correcto ni ético mantenerse sin hacer nada, salvo en muy contadas ocasiones.

Considerando ese primer ejemplo, simplemente identifico qué es lo que me molesta o preocupa, y lo verbalizo en mi mente, seguido por mi deseo y su posible solución. Sencillo, directo, y (hasta los momentos) efectivo. Es un “método” que me ha funcionado siempre, uno que uso siempre que hace falta.

No hace falta decir todo en voz alta, o decirlo con palabras. Cierro los ojos, tomo aire, me olvido de mi entorno y, de repente, solo somos yo y mi pensamientos, dirigido como una flecha directa hacia mi deseo, mi objetivo, por esa oración o ese conjuro.

La diferencia entre oraciones y conjuros

Para mí, una oración es una petición a la energía divina, o, como yo les digo, “la gente de arriba”. Dios, Buddha, Odín, las vírgenes, ángeles, guardianes, ancestros, el universo… los nombres abundan, pero la esencia es la misma en términos generales. No importa cómo le digamos a esta energía divina, qué cara o características le demos, sigue siendo la misma, vista desde un lente cultural distinta. Una oración es pedirle ayuda, pedir su asistencia e intervención cuando la situación lo amerita.

Un conjuro, por el contrario, es la manifestación de nuestra voluntad, nuestra energía personal, formada y dirigida hacia un objetivo específico usando la palabra verbal o mental, opcionalmente con la ayuda de otros materiales o energías. Al ser hijos de la energía divina, los humanos tenemos la nuestra propia, la cual podemos manifestar y utilizar a voluntad. Se podría decir que esta es la forma más básica de magia.

Muchas culturas han utilizado ambas, y cada técnica acarrea un poder con ella. El poder de la tradición, la repetición y la antigüedad, es innegable. Son fórmulas y métodos comprobado que han pasado de generación en generación, y no porque así se haya querido, sino porque son útiles. No obstante, las tradiciones empezaron como innovaciones tiempo atrás.

La importancia de innovar

(Myriams-Photos, Pixabay.)

 

A veces las situaciones nos obligan a pensar fuera de la zona de confort, y esto aplica a cualquier aspecto de la vida. No se trata de olvidar nuestras costumbres y tradiciones, sino de crear una nuevas y propiciar que las que existen, esas en las que confiamos, evolucionen con el tiempo.

Una práctica espiritual estática es deprimente, aburrida, y conduce al fracaso, a desconectarnos de la corriente o tradición o creencia que estemos siguiendo. Evolucionar e innovar, explorar zonas desconocidas, otros métodos, aplicar nuevas ideas, por solo nombrar algunas, no solo revive la fe que podamos tener, sino que ofrece una nueva perspectiva.

Innovar en nuestra práctica, sea la que sea, la vivifica, la mantiene nueva, llena de misterios, de expectativas, de promesas. El día en que nuestra fe se estanque, ésta habrá fracasado.

Aunque aún estoy aprendiendo a confiar en mi intuición, aprendiendo a identificar cuándo es mi fe la que habla (y cuándo es mi cabeza pensando más de lo que debería), cada vez se me hace más sencillo dejar que todo fluya y nada influya. A veces la fe debe ser como un río, y el creyente un nadador. A veces nos toca confiar en que la corriente nos llevará a buen puerto, y modificar la forma en que nadamos. Hasta el momento, no me ha fallado.


The Wild Hunt invita escritos para nuestra sección de Perspectivas paganas. Le agradecemos enviar sus preguntas o sus ensayos completos a eric@wildhunt.org. 
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