Columna: La noche más larga y más oscura

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My segunda parte del año favorita es el solsticio de invierno, después de Samhain y Día de muertos. Las fiestas decembrinas siempre han tenido un significado importante para mí desde que era niño. Fui educado como católico, por lo que celebro Navidad con mi familia. Inicié a celebrar Yule durante mi adolescencia, cuando empecé a caminar el sendero wiccano y a aprender sobre paganismo. Yule fue el sabbat wiccano con el que me sentía más identificado.

Sin importar el nombre de la tradición o la fase de mi vida, esta celebración siempre ha tenido el mismo significado principal para mí; siempre ha representado esperanza. El Sol renace después de la oscuridad de la noche más larga del año y, con este renacimiento, la luz se reaviva en nuestros corazones y espíritus. Después de este año tan difícil, creo que la esperanza es lo que más necesitamos.

The night sky over Colorado [Pixabay

Nuestras vidas cambiaron completamente con la pandemia de COVID-19. Muchos han perdido sus trabajos o negocios, mientras otros han estado luchando por conservarlos, sobre un terreno pantanoso y con sobrecarga de trabajo. Padres de familia han tenido más retos de los usuales, al tener a los hijos en casa. No hemos podido interactuar mucho con otros y movernos como antes. Nuestra salud, física, mental, emocional y espiritual, ha estado en riesgo.

Al pensar en lo que estaba haciendo hace un año, me doy cuenta en lo suertudo que era y no estaba del todo consciente de ello. Me era posible viajar y ver gente de otras partes del mundo y del país, pero no viajaba frecuentemente pensando siempre lo podría hacer después. Podía pasear libremente por la ciudad y sonreír a las personas enfrente de mí, pero muchas veces me quedaba en casa a ver la televisión o leer. Tenía opciones infinitas que hacer, y ahora mis opciones son limitadas. Pienso en lo que me arrepiento en no haber hecho y en las cosas que pude haber hecho pero encontraba muchas razones para no hacerlas. 

La forma en que practicamos nuestras creencias ha cambiado también para muchos de nosotros. Las autoridades han restringido las reuniones de muchas personas y las visitas a los lugares de culto. El Día de muertos, celebrado el 1 y 2 de noviembre, fue distinto este año. Siguiendo las recomendaciones del gobierno federal, muchos panteones estuvieron cerrados para evitar aglomeraciones. El gobierno sugirió y pidió a la gente celebrar en casa en vez de visitar las tumbas de sus seres queridos.

People standing outside the Cathedral of Our Lady of Guadalupe during the December 2010 celebrations [Coleccionista320, Wikimedia Commons, CC 4.0]

Millones de personas estarían reunidas hoy afuera de la Basílica de Guadalupe, sin embargo, este año la iglesia católica decidió cerrar sus puertas. Las autoridades eclesiásticas dijeron era la primera vez en la historia del templo que estaría cerrado el 12 de diciembre. La que ha sido una de las peregrinaciones más grandes del mundo, este año es una celebración en casa o en la comunidad local.

Aun cuando no visitemos lugares de culto, actualmente no podemos celebrar un ritual con otros, en persona, como antes lo hacíamos. Aunque he visto que varios grupos paganos ya se están reuniendo en persona en pequeñas reuniones y con medidas de seguridad, otras personas, como yo, aun no nos sentimos listas o seguras para hacerlo, por lo que practicamos nuestra espiritualidad a solas o en reuniones virtuales.

La manera en que nuestras prácticas espirituales han cambiado, al no poder reunirnos o visitar lugares de culto, celebrando en casa o virtualmente, celebrando en solitario o con personas cercanas; nos redirige al centro y base de nuestra espiritualidad, de vuelta a nuestra relación directa con nuestro ser espiritual, nuestros ancestros, con la deidad, con el espíritu.

La pandemia también ha cambiado algunas de nuestras relaciones. Personas que viven juntas han tenido dificultad con la constante interacción a puerta cerrada. He visto más discusiones y desacuerdos en redes sociales de lo usual, personas con opiniones distintas acerca de la pandemia, de política, y de cómo lidiar con todo ello. Como no es tan fácil reunirse en persona, es más complicado aclarar malentendidos. He percibido a mi comunidad frágil y, a veces, fracturada. Creo que durante estos tiempos de cambio, cuando las estructuras de nuestras vidas son amenazados o desmenuzadas, es normal que surjan conversaciones tensas y acaloradas más seguido.

Las diferencias surgen a la superficie en los tiempos caóticos de La Torre. Mientras la torre cae, algunas personas quieren huir de la torre, otros están muy asustados como para poder moverse y salir. Algunos se detienen a ayudar a los demás, otros no pueden ayudarse a sí mismos. Algunos crean caminos seguros para que otros puedan salir, otros discuten el por qué la torre se está cayendo. Algunos dicen la torre cae debido a la falta de mantenimiento, otros dicen es debido a los materiales con los que se construyó, otros dicen es por el terreno sobre el cual se construyó, otros dicen fue destruida a propósito. Mientras la torre sigue cayendo, el contraste y la polarización son más frecuentes, pero las expresiones vienen de la misma fuente: el pánico, el miedo, el trauma, el dolor. La persona que intenta ayudar está asustada. La persona que no puede moverse está asustada. La persona buscando explicaciones está asustada. Puede ser que expresemos las cosas de manera distinta, pero probablemente compartimos más de lo que se ve a primera vista.

Planeo celebrar Yule en solitario y con un ritual de forma virtual este año. Mientras decoro mi árbol de Yule-Navidad, con luces y esferas de colores, pinto mi esperanza con deseos y planes. Visualizo las actividades que quiero hacer en cuanto pueda. Pienso en la gente que me gustaría ver en persona. Establezco las intenciones que tengo para mi comunidad y para el mundo.

El solsticio de invierno es la noche más larga del año, y este año se sentirá como la noche más larga y oscura. A través de la oscuridad, hemos sido más reflexivos y hemos volteado a ver hacia adentro. Mientras el Sol renace, que la luz regrese a nuestros corazones. Que recordemos compartimos el miedo y el dolor, que recordemos también podemos compartir la esperanza. Que recordemos no estamos solos, aunque esta larga y oscura noche se ha sentido como la más solitaria de todas, y que veamos hacia lo que queremos reconstruir juntos en los días más largos por venir.


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