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Quiero disculparme. En mi primera columna para The Wild Hunt estaba tan emocionado por presentarme que hubo algunos detalles de la comunidad pagana mexicana que lamentablemente excluí. Estaba impaciente por contar de nuestra existencia. Quería hacer saber a la comunidad pagana internacional que somos muy similares entre nosotros y que aquí hay practicantes con creencias similares o personas que pertenecen a las mismas tradiciones que ellos. Sin embargo, mi gran error fue hablar de los paganos y brujos de México sin incluir nuestra propia herencia y lo que esto significa. Omití hablar de nuestro trasfondo y de nuestra rica historia y contexto cuando se trata de magia, brujería y hechicería.

No dije, por ejemplo, que la brujería ha sido parte de nuestra historia desde tiempos antiguos. En el mundo prehispánico había muchos tipos de brujos, hechiceros y magos. Bernardino de Sahagún, misioneros franciscano, registró por lo menos quince tipos de éstos en el Códice florentino. Alfredo López Austin, historiador mexicano, enumeró cuarenta tipos agrupados en cinco categorías en su libro Cuarenta clases de magos en el mundo náhuatl.

Algunos de estos nombres y sus significados son: el tetlachahuiani, el que embruja a la gente; el monotzale, el poseedor de conjuros; la cihuanotzqui, la que poseía embrujos para seducir; el nahualli, los que tenían el poder de transformarse en otro ser; el eutlipan moquetzani, personajes que representaban a una deidad y se creía que tenían los dones y el poder de ésta.

Tampoco dije que hay antiguas formas de adivinación. La mas famosa siendo el arrojar granos de maíz o frijoles y leer su posición y dirección para predecir lo que pasará con alguien enfermo.

Y tampoco mencioné que la magia puede ser encontrada en cualquier lugar de México. Que podemos salir de un edificio de oficinas en la Ciudad de México y dos minutos después podemos estar arriba de una pirámide. Que aunque tenemos solo algunas tiendas de ocultismo, tenemos un enorme mercado dedicado al ocultismo y a objetos y remedios mágicos, el Mercado de Sonora, el cual tiene cincuenta y un años. Que Catemaco, un pueblo ubicado en el sur del estado de Veracruz, es famoso por sus brujos, y que todo tipo de gente, incluyendo políticos, acuden a ellos para limpias o para otro tipo de trabajos mágicos.

No pretendo justificarme, pero creo que hay algunos razones por las cuales omití todo esto.

Primero, en nuestra comunidad pagana mexicana solemos hablar de ser brujo e inmediatamente lo asociamos a la brujería moderna y a la Wicca. Probablemente, porque sucede cuando intentamos expresar lo que ser brujo significa y cuando estamos haciendo uso del conocimiento adquirido de lo leído o escuchado del trabajo de la comunidad pagana internacional al intentar limpiar el nombre y la imagen de la brujería. Probablemente también, porque muchos de nosotros aprendimos de enseñanzas americanas o europeas, y cuando hablamos de nosotros, nos gusta compartir los orígenes de éstas.

Segundo, porque nos perdemos en la traducción y en las palabras. Brujería, wicca y witchcraft (palabra en inglés que se traduce como brujería), y otras palabras, pueden significar lo mismo en un contexto, pero algo totalmente distinto en otro. Pueden expresar el mismo concepto para alguien, pero otra persona preferirá distinguir una de la otra.

Tercero, porque sufrimos de La maldición de la Malinche. La Malinche, también conocida como Malinalli o Malintizin, fue la intérprete y asesora de Herman Cortés, conquistador español. La Malinche, mujer nahua, es comúnmente vista como traidora y a La maldición de la Malinche se refiere cuando se habla de cómo los mexicanos estamos ciegamente ansiosos por ignorar nuestra propia herencia indígena pero recibimos con brazos abiertos, y sin dudar, todo lo que es extranjero, especialmente cuando es algo americano u europeo.

No me gustaría cometer otro grande error generalizando y asumiendo que ningún brujo moderno mexicano ha explorado sus orígenes mexicanos y su herencia. No dudaría que hay algunos que lo han hecho, pero desafortunadamente éste no es un tema común en eventos y foros virtuales wiccanos o neopaganos.

Hay dos templos dedicados a la divinidad femenina en la Ciudad de México que han sido abiertos recientemente, pero ambos están dedicados a figuras europeas. Y aunque realmente me gusta y apoyo la idea de tener espacios abiertos al público para descubrir la enormemente olvidada imagen de la Madre, ofreciendo enseñanzas específicas de estas figuras; espero pronto ver un espacio dedicado a alguno de nuestras propias figuras antiguas, por ejemplo, un templo dedicado a Tonantzin, la diosa madre azteca.

No es mi intención sugerir que deberíamos cambiar las prácticas de nuestras tradiciones wiccanas para incluir más símbolos y conceptos prehispánicos. Pero a lo mejor, al tener una relación más cercana con nuestros orígenes y mostrando un mayor respeto, y al honrar a los ancestros de nuestra tierra, podríamos descubrir maravillosos tesoros espirituales.

Sé que el investigar nuestros orígenes y las prácticas de nuestros ancestros puede ser una tarea delicada, sobretodo cuando se trata de encontrar la fuente correcta. Pero ahora contamos con brillantes oportunidades en donde podemos explorar este tema a través de un punto de vista académico, como por ejemplo el Congreso Nacional de Magia, Brujería y Superstición en México, organizado por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, donde estos temas son explorados y debatidos desde hace ya tres años consecutivos.

Solía imaginarme cómo habría sido ser el heredero de una larga línea de brujas europeas, o pensar de Doreen Valiente como la tía que me hubiera gustado visitar cada jueves por la tarde. Ahora me doy cuenta, y honro, ser el nieto de una gran mujer mágica, que aunque no me haya hablado de la Triple Diosa, siempre me habló de la Madre al enseñarme su collar de la Virgen de Guadalupe; que aunque no me haya enseñado a hacer rituales, me heredó una gran sensibilidad; que aunque no me haya mostrado un Libro de las sombras, me enseñó otras formas que heredó de sus ancestros mayas.

Hoy estoy más orgulloso de mis orígenes mexicanos y estoy planeando explorarlos más. Espero que nosotros, como comunidad pagana mexicana, también podamos estudiar nuestras raíces y hablar más de ellas entre nosotros. También espero que podamos compartirle a la comunidad pagana internacional lo que encontremos y lo que ya sabemos. Entonces, pido de nuevo una disculpa por mi gran error, y espero compensarlo pronto incluyendo otros tipos de prácticas y compartiendo más de nuestro pasado, de nuestro presente, y, con suerte, de nuestro futuro.